Comprometer el futuro en proyectos concretos y trabajosos, reivindicarse con la vida de la que hemos abusado y a la que hemos maltratado injustamente, sacrificar el autoritarismo y la auto-dependencia, pero saber secretamente que nos hemos entregado a la soledad absoluta.
Si todo ello nos significara paz: ¿Qué importaría? Las metas materiales no nos han traído consigo la paz, tampoco los placeres ni las midas pasajeras: vestiduras efímeras necesarias para persistir en la mediocridad a la que nos hemos aferrado y a la que hemos defendido como a una falsa patria, defenestrando nuestras propias creencias y destinos.
¿Cuál es la teoría de mi credo?
Si mis ojos enfermos han podido reestructurarse y ver con claridad las piedras del camino –natural instinto de supervivencia- ¿Por qué así mismo no actuó el ego?
Sosegar el espíritu y el carácter es tan necesario como complejo, y dudar de ello haciéndolo una utopia es –como todo egoísmo humano- tentador como manzanas del Edén. |